Libia: La Otra Parte de la Historia

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October 8, 2011 14:51

Incluso antes de que el conflicto empezara en Libia, la imagen del mandatario libanés Muammar Gaddafi estaba marcada de por acusaciones de tiranía, brutalidad y autoritarismo. Hay una opinión general de que el antiguo coronel del ejército libanés administraba sus asuntos con mano dura sin lugar para el disentimiento. Sin embargo, la reivindicación de una revolución en busca de la democracia y la justicia derrocando el régimen de Gaddafi por las revueltas populares en los países vecinos de Túnez y Egipto necesita ser escudriñada muy de cerca. El siguiente reportaje fotográfico analiza ciertos aspectos de la “revolución” de Libia que han sido deliberadamente ignorados por los principales medios de comunicación de los países occidentales:

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Líderes tribales muestran su apoyo a Muammar Gaddafi durante una reunión en Trípoli el 30 de Abril de 2011. Foto – Louafi Larbi/Reuters

El estado libio está basado en una estructura tribal, unidas por el poder central que también domina el país. A diferencia de Egipto y Túnez, la sociedad está distribuida entre tribus y clanes con la lealtad tribal jugando un papel importante en los poderes políticos.

Muammar Gaddafi, de 69 años, proviene de una pequeña tribu llamada “Al-Gadadfa” que se sitúa sobre la ciudad costera mediterránea de Sirte en la mitad norte del país, una región llena de reservas de petróleo. La tribu afirma ser descendiente del profeta Mahoma y goza de prestigio en la profunda sociedad religiosa.

Ya en 1969, poco después del golpe contra el rey Idris I, Gaddafi basó su régimen en una alianza con dos de las tribus más grandes del país: los Warfalla, situados principalmente en la región del oeste de Libia que se conoce como Tripolitana; y los Magarha, de Fezán, en el suroeste del país. Gaddafi consiguió unir a las tribus y obtener su cooperación mediante premios y castigos como métodos de persuasión –con la concesión de dinero, beneficios y empleo a sus partidarios y fomentando los lazos de sangre con matrimonios entre los miembros de sus tribus– mientras aplastaba las disidencias con violencia, intimidación y confiscando la propiedad.

A pesar del profundo apoyo arraigado de Gaddafi para el nacionalismo del mundo árabe y sus esfuerzos para unificar el país en líneas lingüísticas, los libios se reconocen ante todo por su estructura tribal.

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Mapa de Libia que desglosa la ubicación de las tribus. Gráfico – Stratfor

Las siguientes son las principales tribus en Libia:

– En la región tripolitana: Warfalla, Awlad Busayf, Al-Zintan, Al-Rijban.

– En Cirenaica: Al-Awagir, Al-Abaydat, Drasa, Al-Barasa, Al-Fawakhir, Al-Zuwayya, Al-Majabra.

– En Sirte-Giblah: Al-Gaddadfa, Al-Magarha, Al-Magharba, Al-Riyyah, Al-Haraba, Al-Zuwaid, Al-Guwaid.

– En Fezán: Al-Hutman, Al-Hassawna, Tibbu, Tuareg.

Todas las tribus están repartidas por el país debido a la mezcla de la población, promovido por Gaddafi. Esta movilidad social explica la sublevación de las tribus contra el régimen de Gaddafi estalló en todo el país y no sólo en la región cirenaica de la cual Bengasi es capital.

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Un póster de tamaño natural del líder libio instalado en un desfile militar. Foto – Mahmud Turkia/AFP/Getty Images

El régimen de Muammar Gaddafi abarcó más de 42 años de dominio totalitario enturbiado por la injusticia y las restricciones de libertad de expresión y asamblea. Mientras los regímenes de Ben Ali y Mubarak se derrumbaban, Gaddafi fracasó al intentar hacerse cargo de la situación y arreglarlo a su manera. En vez de eso, denunció a los levantamientos populares y acusó a las masas de ser impacientes y rebeldes. “¿Para qué es esto? ¿Para cambiarme por Zine al-Abidine? ¿No dijo que dimitiría al cabo de tres años? Sed pacientes durante tres años y vuestro hijo seguirá vivo”, fue lo que dijo en su discurso en la televisión libia el 18 de enero poco después de que el dictador de Túnez huyera del país.

Allá por febrero, la situación en Libia estaba paralizada. No había cabida para el activismo político, los sindicatos, la prensa independiente y la sociedad cívica era casi inexistente. No había oposición al régimen de Gaddafi en el país puesto que las masas vivían bajo vigilancia constante y amenazadas con arrestos y torturas. Los comités revolucionarios eran los órganos de su control absoluto sobre la sociedad libia. El monólogo del antiguo coronel nacido el Sirte se estaba desmoronando bajo el peso de su persona. Pero todas las peticiones de cambio, algunas incluso de su familia, fueron descaradamente ignoradas por el dictador libio.

La estructura del estado totalitario impedía el desarrollo de una sociedad cívica y aisló de manera efectiva el sistema impuesto por Muammar Gaddafi hace 40 años. Según el Hermano Líder y Guía de la Revolución de Libia, la aparición de una sociedad civil no tenía sentido en Libia donde las masas ya tenían todo el poder. Él insistió que no podía existir una entidad social que se opusiera a la misma gente. Como resultado, la aparición de otros líderes era inexistente en el “estado de las masas” donde el poder supuestamente residía en las manos del pueblo.

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El paseo de Trípoli construido con toques modernos y rascacielos, pasos elevados y espacios verdes. Foto – catjej

Libia era uno de los países menos desarrollados en el mundo cuando Gaddafi tomó el poder en Septiembre de 1969. Bajo la monarquía sanusí, Libia era uno de los países más pobres en el mundo con unos ingresos anuales de menos de sesenta dólares per cápita.

Muammar Gaddafi basó su sistema en el socialismo árabe y utilizó la gran riqueza petrolífera para mejorar consideradamente la calidad de vida de las personas en el mundo árabe y en África. La mayoría de las familias libias tienen ahora casa y coche. El servicio de sanidad pública es gratuito y uno de los mejores en el mundo árabe, al igual que la educación, que es obligatoria y permitida para las mujeres.

Los hospitales y farmacias de Libia están al nivel del estándar internacional y cualquier coste incurrido por un tratamiento en el extranjero está pagado por el Estado.

El país tiene una infraestructura urbana impresionante que incluye una red de carreteras bien construida, autovías, sistemas de telecomunicación, agua, electricidad y otras necesidades básicas.

Según el libro de hechos de la CIA, el país tiene la novena reserva de petróleo más grande del mundo con unos 47 miles de millones de barriles de los que se producen 1’79 millones de barriles cada día. El país gana 46’31 miles de millones de dólares por año a través de la exportación, que consiste en el 95% de la producción. Sin embargo, la CIA sostuvo que las estadísticas también prueban que el 30% de la población está desempleada (la última actualización data del 2004) y alrededor de un tercio de las población vive en la pobreza (es una estimación puesto que no hay estadísticas oficiales disponibles).

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Mapa del gran río artificial situado en Libia que Gaddafi describe como la “octava maravilla del mundo”.

Muammar Gaddafi inició un proyecto excepcional en Libia: el “Gran Río Artificial”, que trae agua desde más al sur del desierto del Sahara en el sur de Libia y lo suministra a ciudades costeras del norte. El dictador libio creía que habría guerras por el acceso al agua a lo largo de las tierras árabes en los próximos años y su control podría ser incluso más decisivo que las reservas de petróleo. Por ello, llegó a la conclusión de aprovechar las reservas de agua en varias cuencas del desierto.

La base de este proyecto se presentó en 1984 con un coste estimado de 5 mil millones de dólares. Máquinas enormes extrajeron agua de acuíferos en el desierto del Sahara en el sur del país. El “Gran Río Artificial” consiste en más de 1.300 pozos, la mayoría, con más de 500m de profundidad, y suministra 6.500.000 metros cúbicos de agua dulce al día. Se transporta mediante tuberías reforzadas de hormigón a las ciudades de Trípoli, Bengasi, Sirte, entre otras.

La inauguración la llevó a cabo el coronel Gaddafi el 28 de Agosto de 1991. Según un artículo publicado en la revista semanal norteamericana Executive Intelligence Review en septiembre de 1991, el líder libio remarcó lo siguiente en su discurso: “Después de este logro, las amenazas estadounidenses contra Libia se doblarán… Los Estados Unidos podrán excusas, sin embargo la verdadera razón es parar esta hazaña y mantener a los libios oprimidos”. Gaddafi presentó el proyecto a la esperanzada multitud como un regalo al tercer mundo y alentó a los granjeros de los países vecinos a mudarse a Libia por la agricultura.

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Gaddafi se proclamó como el “rey de reyes” y el salvador de África después de no lograr el apoyo entre las masas árabes. Foto – Foreignpolicy.com

Gaddafi se proyectó asimismo como la fuerza revolucionaria del continente. Ayudó a muchos ambiciosos políticos africanos a ganar poder, prestó ayuda a muchos movimientos rebeldes mediante entrenamiento y suministro de armas y ayudó a los jefes de estado africanos a conservar el poder y mantener un control firme en sus países.

Pero ésta es la mitad de la historia sobre la unión de Gaddafi con África. La realidad es que Libia jugó un papel importante en el desarrollo del continente africano y defendió su la independencia desde el oeste.

El autócrata libio permitió a África experimentar una verdadera revolución tecnológica financiando el primer satélite de comunicación africano. Gaddafi invirtió 300 millones de dólares en este proyecto histórico que permitió a todo el continente establecer enlaces telefónicos, estaciones de transmisión de televisión y radio, introducción de la tele-medicina (diagnóstico a distancia), la educación y el aprendizaje a distancia, y muchos otros proyectos de menor trascendencia. Antes del lanzamiento del satélite en diciembre del 2007, los países africanos pagaban una fortuna a Europa por usar sus satélites.

Gaddafi también proporcionó el 15% del presupuesto de la Unión Africana en el plano Institucional Inter Africano. Esto realmente explica la renuncia de la Unión Africana a condenar a Gaddafi, a diferencia de la Liga Árabe, que le aborrece.

Gaddafi también extendió su generosidad a Sudáfrica, Liberia, Madagascar, los países del Sáhel y el centro de África donde financió edificios administrativos, hoteles, restaurantes, ONGs, organizaciones islámicas, una red de distribución de petróleo (mediante la Compañía Nacional Libia de Petróleo), tiendas, eventos de entretenimiento (como el Festival del Desierto de Mali) y obras de caridad.

Por otra parte, Gaddafi nunca tuvo miedo de los movimientos rebeldes activos en los países africanos. Extendió su apoyo a los Tuareg en Mali mediante la oferta de protección y financiación durante la represión de su movimiento del gobierno de Mali en la década de los 90.

Las demandas de los mercenarios que luchan por Gaddafi no sorprenden como en 2005 cuando Gaddafi concedió el permiso de residencia a todos los Tuareg de Nigeria, a los malienses y otros subsaharianos de África y les proporcionó una vivienda libre. En 2006, Gaddafi llamó a las tribus del Sahara, incluidos a los Tuaregs, para formar una coalición para oponerse al terrorismo y al tráfico de drogas.

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El dictador libio Muammar Gaddafi posa para la foto de familia con el primer ministro italiano Silvio Berlusconi, el presidente de la república francesa Nicolas Sarkozy, el presidente de Rusia Dmitri Medvedev, el presidente de los EEUU Barack Obama y el secretario de la ONU Ban ki Moon en el tercer día de la cumbre del G8 el 10 de Julio de 2009 en L’Aquila, Italia. Foto – Oli Scarff/Getty Images

A pesar del aislamiento del Oeste impuesto a Gaddafi desde el golpe de 1969, el líder libio se esforzó por volver al marco internacional mediante la búsqueda activa de trabajo de sus hijos. Según se dice, estaba decidido a abandonar el programa de armas de destrucción masiva después de ser testigo del destino de Saddam Hussein en Irak. Presentó a su hijo Saif al Islam y le puso al mando de la “Fundación Gaddafi para el Desarrollo” que buscaba diferentes proyectos de beneficencia en el mundo en vías de desarrollo.

También solicitó los servicios de Monitor de Grupo, una compañía de relaciones públicas americanas, entre 2000 y 2008, para que el Oeste supiese que quería cambiar y mejorar el país.

Muchos críticos del régimen de Gaddafi admitirán sin duda los esfuerzos de Saif al Islam para liberar a miles de prisiones políticos que durante años apoyaron a la hermandad musulmana.

El 30 de Agosto de 2008, el líder libio Muammar Gaddafi y el primer ministro italiano Silvio Berlusconi firmaron un tratado de cooperación histórico en Bengasi. Según el tratado, Italia pagaba 5 mil millones de dólares a Libia como compensación de su antigua ocupación militar y las atrocidades coloniales. A cambio, Libia prometía tomar medidas para combatir la inmigración ilegal desde sus costas y permitir a las compañías italianas hacer grandes inversiones en el sector del petróleo. Gracias a este acuerdo, la llegada de inmigrantes a las costas del sur de Italia disminuyó un 90%.

Además, el líder libio desarrolló una firme cooperación con el Oeste en la lucha contra Al Qaeda. Un artículo publicado por el Departamento de Estado de los EEUU en 2008 afirmaba que “el gobierno libio continuó cooperando con los EEUU y la comunidad internacional para luchar contra el terrorismo y su financiación… los servicios de inteligencia esperan prestar su asistencia a Libia en la lucha contra el terrorismo durante los años 2010 y 2011”.

Se dice que Moussa Koussa, una figura notable del régimen de Gaddafi que desertó a finales de marzo, ha liderado una rama del programa de CIA-Inteligencia libia contra el terrorismo en el que los oficiales de la inteligencia libia fueron entrenados por sus iguales americanos. La confianza entre las dos agencias se cimentó cuando los servicios de espías de oriente suministraron información sobre los fundamentalistas islámicos y, muy posiblemente disidentes libios, localizados en Londres y otras partes de Europa.

A pesar del dudoso pasado del régimen, Gaddafi estaba listo para romper con el pasado y acercarse a oriente iniciando algunas reformas democráticas que podrían fomentar su relación particularmente con EEUU, Reino Unido y Francia.

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Un luchador revolucionario junto a un mapa de Libia pintado en una pared en Bengasi. Foto – Patrick Baz/AFP/Getty Images

A diferencia de otros países del norte de África que tienen una larga historia de categoría de estado con fronteras definidas, como Egipto, Túnez, Marruecos; la entidad de Libia era una formación de las provincias de Tripolitana en el oeste, Cirenaica en el este junto a la frontera egipcia y el Fezán del Sahara en el suroeste que formaron la Libia de hoy en día en 1934. De acuerdo con Ali Abdul Latif Ahmida, el autor de “The Making of Modern Libya” (La creación de la Libia moderna), el país tiene una sociedad muy plural: Tripolitana y Cirenaica, las dos regiones principales densamente pobladas en la costa norte, tienen dos sociedades separadas, cada una con su propia distinción histórica y que se extiende más allá de la Libia moderna.

En la página 12 del libro escribe: “Uno tiene que tener en mente que antes del periodo y la conquista en 1911, las fronteras en sí no existían, ya que eran lazos que limitaban un estado. Las tribus del oeste de Tripolitana y el sur de Túnez tenían fuertes confederaciones y estaban unidos a la gran comunidad musulmana del Zagreb y del Sahara. El estado de Awlad Muhammad en Fezán estaba vinculado a la región del lago Chad para el tráfico y reclutamiento de soldados. También constituía un refugio estratégico para el estado otomano en tiempos de guerra. También es importante señalar los fuertes lazos socioeconómicos entre las tribus de Cirenaica y el oeste de Egipto. Las tribus cirenaicas vieron las ciudades del oeste de Egipto y el desierto como santuarios a los que escapar de las guerras y como mercados para productos agrícolas y de pastoreo”.

Poco después de su independencia, Libia se estableció como una federación de tres regiones: Fezán, Cirenaica y Tripolitana. En la región oeste de Tripolitana, donde el gobierno se sitúa en la capital de Trípoli, viven dos terceras partes del la población del país y se guarda la mayoría de las reservas de petróleo de Libia. Curiosamente, la casa de los sanusíes que llegó al poder después de la independencia del país en 1951 se estableció en Cirenaica, de la que Bengasi es capital. Solo hasta que Gaddafi, que viene de la región Tripolitana, derrocó al rey libio y estableció su base del poder en Trípoli.

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La gente ve una emisión especial del canal de noticias de Al-Jazeera cerca del palacio de justicia en Bengasi el 21 de Agosto de 2011. Foto - Esam Al-Fetori/Reuters

Los canales árabes, en especial Al Jazeera, son más vistos que los canales libios controlados por el régimen de Gaddafi. La rigurosa cobertura de 24 horas a la semana de los eventos en Libia por los canales vía satélite requiere un profundo escrutinio. Hubo levantamientos masivas contra el régimen en varias ciudades del este y el oeste de Libia como por ejemplo la revuelta en Al Zawiya cerca de Trípoli. Pero muchos de estos eventos están sujetos a una intensa exageración y desinformación. Por ejemplo, la salida de prensa internacional afirmó que la fuerza aérea libia había bombardeado algunas zonas en Trípoli, lo que era falso; ningún avión libio bombardeó ningún barrio de Trípoli o Bengasi, a pesar del hecho de que se produjeran algunas manifestaciones y enfrentamientos tuvieron lugar en el suelo.

La prensa árabe y de oriente mantenía que el régimen de Gaddafi estaba matando a su propia gente en masa sin señalar los hechos. Una delegación del Centro francés de Estudios de Inteligencia viajó a través de Libia después de la revuelta del 17 de febrero y no encontró ninguna prueba de informes que estuvieran constantemente aireados pero no en un canal de noticias libio. Los franceses piensan que el informe del tanque de guerra dice que los reporteros de Al Jazeera en Trípoli, la mayoría de oriente, viajaron sin obstáculos por el régimen de Gaddafi, a pesar de insistir en lo contrario.

La consecuencia de esta desinformación tuvo un amplio alcance: el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no envió ninguna misión de investigación a las zonas afectadas para investigar los acontecimientos. En vez de eso, aprobó la resolución 1973 sobre la base de la mala información generalizada de la prensa que casi dio cobertura a los partidarios contra Gaddafi. El Centro francés de Estudios de Inteligencia (CRF) publica en su informe: “No se exagera al decir que Al Jazeera creó el “acontecimiento” que influyó en la ONU. La prensa exagera sobre esta situación que es increíblemente similar a lo que ocurrió en los Balcanes en 1991, que acabó en detrimento de Serbia”.

Muchos otros sustanciosos informes circularon en la prensa sin credibilidad alguna. Los siguientes son algunos de los rumores presentados por Occidente y los Árabes para sustentar la situación son:

– La intervención de la OTAN salvó más de un millón de vidas, la población entera de Bengasi.

– Los habitantes de Trípoli no pueden ni salir a la calle. No es vida. Todo el mundo tiene miedo y sólo sale subrepticiamente para conseguir comida.

– Gaddafi ha contratado a mercenarios africanos para matar a los oponentes al régimen.

– A las tropas libias que luchan en Misurata y Ajdabiya se les ha proporcionado viagra y condones para violar a las mujeres.

Miembros sospechosos de las fuerzas libias son acorralados en un camión por rebeldes en Al Zawiya el 19 de Agosto de 2011. Foto - Florent Marcie/APF

Hay mucha especulación sobre el papel de los “mercenarios” que sirven a la armada libia pero poco se cree como cierto. La tradición de usar mercenarios en África, particularmente en Libia, viene desde hace mucho tiempo. Durante décadas, los extranjeros, incluidos los europeos, se han servido de los regímenes africanos y los han coordinado con sus unidades militares y sus milicias armadas. A pesar de los claros inconvenientes, su utilidad a los regímenes ha sido indispensable.

Al final de los 70, el coronel Gaddafi creó la Legión Islámica que intervendría en todo el continente en el que soñó crear los Estados Unidos de África. Sin embargo, tuvo que disolver las fuerzas mercenarias después del final catastrófico del conflicto del Chad en 1987.

Durante los últimos años, se han llevado a cabo nuevos reclutamientos principalmente de Mali, el Chad, Nigeria, el Congo y Sudán. Este fenómeno refleja un hecho de la vida económica libia: una gran proporción de trabajadores extranjeros trabajan a cualquier nivel y especialidad.

Los rebeldes libios de Bengasi han afirmado que numerosas veces los mercenarios de Argelia, el Chad, Nigeria y otros países africanos están ayudando a las fuerzas de Gaddafi, a pesar del hecho de que están recibiendo ayuda y asistencia militar de Gran Bretaña, Francia, EEUU, Qatar y los Emiratos Árabes bajo prohibición de la OTAN.

En realidad, es difícil de evaluar la influencia de esos “mercenarios africanos”. Las cifras que proponen los rebeldes podrían ser exageradas y parece que la confusión se propaga deliberadamente para calumniar los luchadores libios pro-Gaddafi y sus partidarios de otros países. A pesar del informe contradictorio sobre su resistencia en números, los mercenarios africanos constituyen una parte muy pequeña de las fuerzas libias.

El maltrato de los nacionales africanos negros, a menudo civiles que viven en Libia durante años pero sospechosos de ser mercenarios por los rebeldes, ha llevado a serias violaciones de los derechos humanos de acuerdo a las convenciones de Ginebra. Los negros, sospechosos de sus lazos con el régimen de Gaddafi, fueron arrebatados de las ciudades por los rebeldes, gravemente golpeados y torturados abiertamente y, en resumidas cuentas, ejecutados en algunos casos,  inmediatamente con sus cuerpos abandonados en las calles. Un ejemplo que llamó la atención internacional fue cuando un joven africano, sospechoso de ser mercenario pro-Gaddafi, fue colgado en la plaza principal de Bengasi.

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Un convoy militar de las fuerzas leales al líder libio Muammar Gaddafi es alcanzado en un golpe aéreo de la OTAN, cerca de Ajdabiyah el 20 de marzo. Foto - Goran Tomasevic/Reuters

Tan pronto como el malestar en Libia cambió en una insurrección armada, la OTAN comenzó la espera impacientemente para intervenir en los asuntos internos libios. Desgraciadamente, el aspecto de intervención no era diplomático sino militar. La coalición de líderes no estaba interesada en traer bandos de guerra a la mesa de negociación, sino que quería verlos en el campo de batalla.

Con el pretexto de imponer la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Gran Bretaña, Francia, EEUU y otras fuerzas de coalición empezaron a bombardear Libia el 19 de Marzo, una fecha que irónicamente coincidía con la invasión de los EEUU en Irak en 2003. Los aviones de guerra de la OTAN sobrevolaban Libia para mantener una zona anti-aérea e imponer un bloqueo naval de acuerdo con la resolución de las Naciones Unidas. La alianza militar transatlántica interpretó las “llamadas para usar todos los recursos necesarios para proteger a los civiles y las áreas pobladas civiles cercanas al ataque, impuso una zona anti-aérea y pidió un inmediato alto al fuego” mediante el ataque en tierra a las fuerzas libias y lanzándoles misiles y bombas.

Los líderes de la OTAN, en especial el presidente francés Nicolas Sarkozy, insistieron que sus fuerzas salvaron las vidas de millones de libios en Bengasi bajo el mandato de la ONU mediante el ataque a las fuerzas pro-Gaddafi que intentaban eliminar la insurrección armada en el este de Libia. Incluso si esta afirmación fuera cierta, la campaña de bombardeo masivo que la OTAN llevó a cabo desde el 19 de marzo conllevó un número desconocidos de muertes civiles, un serio daño a la infraestructura libia, matando y mutilando las escasas tropas libias, muertes de fuego amigo de cientos de revolucionarios libios y el uso sospechoso del uranio empobrecido.

Todas estas acciones, según Dennis Kucinich, Senador del partido democrático de los EEUU por Ohio, equivalen a crímenes de guerra. “Se evitó deliberadamente una colonización negociada en Libia deliberadamente durante meses mientras la OTAN, violando las resoluciones 1970 y 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU (UNSC), reivindicaron un cambio de régimen ilegalmente”, dijo el congresista. Kucinich se quejó de que la OTAN bombardeó a civiles de manera imprudente bajo el pretexto de salvar a los civiles. “Si los miembros del régimen de Gaddafi deben rendir cuentas, los máximos mandatarios de la OTAN también deben rendir cuentas con la Corte Criminal Internacional por todas las muertes de civiles causadas por el bombardeo”, añadió.

La OTAN también violó la resolución 1973 del Consejo de Seguridad en varias ocasiones. El 20 de Junio, los aviones de guerra de la coalición bombardearon casas civiles en un recinto que pertenecía a los asistentes políticos de Gaddafi causando la muerte a docenas de civiles. El 9 de Agosto, Irina Bokova, líder de la UNESCO condenó un ataque de la OTAN en la televisión estatal libia, Al-Jamahiriya, que mató al menos a tres periodistas e hiriendo a muchos otros. “Las emisiones de televisión no deberían ser objetivos de las acciones militares”, señaló pero dos días después la OTAN cometió otra masacre en Majer, una ciudad 40km al este de Trípoli, matando presuntamente a 85 civiles. La atrocidad cometida, en vez de condenarse, calló al secretario general de la ONU Ban Ki-Moon por hacer todo lo posible para “evitar matar a gente inocente”.

La alianza siguió un registro de los tanques, coches acorazados, vehículos militares y otro equipamiento de las fuerzas libias destruidos, pero irónicamente nunca mencionó el número de víctimas del personal militar asesinado y herido durante su campaña de bombardeo. En vez de eso, alimentó la prensa mundial con afirmaciones calculadas tales como esta: “La OTAN lamenta la pérdida de vidas de civiles inocentes y se preocupa de dirigir ataques contra un régimen determinado a usar violencia contra sus propios ciudadanos”.

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Un póster cerca de la casa de justicia en Bengasi agradece a los líderes de occidente por su apoyo en la campaña contra el régimen de Gaddafi. Foto – Esam Al-Fetori/Reuters

La intervención de la OTAN en Libia y el gran apoyo para los rebeldes libios era sin precedentes en muchas formas. Los líderes de occidente fueron sorprendidos y consternados por los levantamientos de la gente en Túnez y Egipto y estuvieron lentos para pedir a dictadores como Ben Ali y Hosni Mubarak su dimisión. Sin embargo, no fue lo mismo para Libia. Llamadas a Gaddafi para renunciar y abandonar su cargo llegaron poco después de que las protestas comenzaran en Bengasi a mediados de febrero cuando los protestantes del régimen liberaron a un destacado activista libio de los derechos humanos llamado Fathi Terbil.

El brote de violencia después de las protestas del 17 de febrero en Bengasi, Tobruk, Al Baida, Derna y otras ciudades del este de Libia intensificaron la situación, lo que llevó a que las fuerzas del régimen de Gaddafi abandonaran la región. La revolución, que empezó después de los violentos acontecimientos que tuvieron lugar en Bengasi, se extendió a través de la región Cirenaica, una antigua fortaleza de las fuerzas contra Gaddafi e los islamistas. La respuesta de Gaddafi a la insurrección fue hostil y agresiva; amenazó a los protestantes con castigos severos y los comparó con ratas que necesitan ser eliminadas calle por calle, casa por casa, cuarto por cuarto.

La comunidad internacional estuvo rápida no solo para condenar el uso de fuerza excesiva de Gaddafi para restaurar el orden, sino que también impuso sanciones en el país el 27 de febrero, durante los 10 días después de la insurrección armada. EEUU y la UE congeló los bienes de Libia valorados en miles de millones de dólares como acción punitiva.

El liderazgo rebelde inicialmente se oponía a cualquier intervención extranjera en los asuntos de Libia. Abdul Hafiz Ghoga, el portavoz de la oposición libia, rechazó un diálogo con Gaddafi pero se negó a pedir ayuda militar a las naciones de occidente. “Ayudaremos a liberar a otras ciudades libias, en particular Trípoli, mediante nuestra armadas nacional, nuestras fuerzas armadas,  de las que parte han anunciado su apoyo al pueblo”, señaló Ghoga en una rueda de prensa. No dio detalles sobre como ayudaría el Consejo Nacional de Transición (NTC).

Durante las dos primeras semanas del enfrentamiento, la marina británica, francesa y estadounidense movieron sus barcos de guerra cerca de la costa libia sin ninguna explicación. El ansia de una solución militar reemplazó pronto las llamadas para un propósito de paz por un liderazgo rebelde así como por amenazas de los líderes de occidente de un ataque aéreo coordinado contra el Gobierno libio. La Corte Penal Internacional también se movió para ejercer presión en el lado de Gaddafi y prevenirle de cometer crímenes de guerra contra su propia gente. Parecía como si occidente ya hubiera planeado hacer una guerra y las preparaciones para un ataque aéreo en conjunto estuvieran en marcha.

Poco después del escrutinio en la resolución 1973 de la ONU el 19 de Marzo, los jets de la OTAN empezaron a bombardear las posiciones militares de la armada libia y sistemáticamente diezmaron los radares anti-aéreos, tanques, artillería pesada y otro equipamiento blindado. Las instalaciones navales libias también fueron atacadas por la OTAN a pesar del hecho de que se las había ordenado imponer una zona anti-aérea sobre Libia.

Los líderes de occidente, que en un principio pedían a Gaddafi retirarse del poder a cambio de un salvoconducto, tomaron un giro de 180º y tácitamente dieron el visto bueno a su asesinato. Los jets de la OTAN bombardearon una de las casas de la familia de Gaddafi donde él se encontraba con su hijo, Saif Al-Arab. Su hijo y tres de sus nietos murieron en el ataque. La OTAN negó descaradamente cualquier crimen de guerra que se cometiera como objetivo de un jefe de estado presente en un recinto civil.

Los aviones de la OTAN no tenían nada que sospecharan que fuera usado por las fuerzas pro-Gaddafi. Industrias de petróleo, torres de comunicación, postes de electricidad, conductos de agua y alcantarillado, carreteras y otro tipo de infraestructuras civiles estaban bajo el fuego de las fuerzas de la coalición en numerosas ocasiones que también violaban las leyes internacionales. El presidente de los EEUU, Barack Obama, firmó un Decreto Ejecutivo que ordenaba el asesinato del líder libio Muammar Gaddafi y su familia.

El primer ministro ruso Vladimir Putin cuestionó abiertamente el ataque de la OTAN sobre la residencia de Gaddafi en Trípoli durante una visita a Dinamarca. “Dijeron que no querían matar a Gaddafi. Ahora algunos oficiales dicen: ‘Sí, estábamos intentando matar a Gaddafi’. ¿Quién ha permitido esto? ¿Hubo algún juicio? ¿Quién tomo se tomó el derecho de ejecutar a este hombre, sin importar quién sea?”, preguntó durante una rueda de prensa con el primer ministro danés.

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Los guardas revolucionarios libios en un terminal de petróleo. Los precios están fluctuando desde que Trípoli fue capturado por las fuerzas en contra de Gaddafi.

El régimen de Gaddafi tuvo ganancias en dinero gracias al petróleo y distribuyó la riqueza entre los libios. Los detractores al régimen de Gaddafi le acusan de robar las riquezas del petróleo y esconderlas en bancos secretos de Suiza y otros países de occidente mientras los libios estaban desempleados. Los escépticos de los rebeldes reclaman que el nivel de vida de los libios es uno de los más altos en África así como de las naciones árabes con educación gratis, sanidad y viviendas subvencionadas disponibles para cada ciudadano libio.

Libia es el proveedor de un 2% de la producción mundial de petróleo y tiene las mayores reservas de África. Sus hidrocarbonos son de mejor calidad comparados con los países del golfo, lo que hace que su extracción y exportación sea fácil y rentable. La mayoría del crudo de alta calidad de Libia está destinado a Europa, de donde Italia obtiene la tercera parte de su exportación.

Los países de occidente, en especial EEUU, no están avergonzados de su interés egoísta en Libia debido a sus reservas masivas de petróleo. Un informe reciente de Reuters sugirió: “Las compañías occidentales parece que están bien posicionadas con miles de millones de dólares en exportación petrolífera y contratos de construcción que vienen como parte de un esfuerzo de reconstrucción”.

Los rebeldes libios ya han firmado un acuerdo con la Compañía de Petróleo del golfo árabe qatarí para explotar el petróleo libio y explotarlo a compradores internacionales. Sin embargo, los revolucionarios ya tienen algunas prioridades. “No tenemos problemas con países de occidente como las compañías italianas, francesas y británicas. Pero tenemos problemas políticos con Rusia, China y Brasil”. La única razón para tener problemas con las naciones emergentes es su negativa a participar en el cambio de régimen controlado por occidente que derribó a Gaddafi y ahora busca impulsar un Gobierno favorable en Libia. Rusia, China, Brasil y otras naciones emergentes invirtieron fuertemente en el sector petrolífero de Libia y ahora se enfrentan a serios peligros de expropiación.

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Un retrato gigante agujereado de Gaddafi en su fortaleza de Bab Al-Aziziyah en Trípoli. Foto – François Mori/AP

No hay ni pizca de duda del hecho de que Muammar Gaddafi fue un dictador que extendió su mandato autocrático sobre sus seis millones de sujetos. A pesar de la intervención militar y el apoyo aéreo de la OTAN, los libios lucharon con valentía en tierra contra las fuerzas leales a Gaddafi y buscaron derrocar su régimen de 42 años. Nada más legítimo que el derecho de una nación a la libertad, la justicia y la igualdad.

Sin embargo, no debemos olvidar que los crímenes de guerra cometidos por todos los bandos de la guerra (los leales a Gaddafi, los revolucionarios y la OTAN) y su evidente indiferencia por las vidas humanas, la propiedad y los derechos. Los acontecimientos que tuvieron lugar en estos últimos seis meses han revelado las atrocidades cometidas por las tres partes que equivalen a los crímenes de guerra que deberían ser investigados por la Corte Penal Internacional.

También tenemos que tener en cuenta que el levantamiento, que nació en Bengasi, se llevó a cabo por el odio y la venganza hacia el sistema que les oprimía desde hace más de cuatro décadas. Este genuino descontento, como sugiere el acontecimiento, fue controlado por Francia, Gran Bretaña, EEUU, Italia, Qatar y otros países que por razones que beneficiaban –no sus intereses democráticos- sus propios intereses que buscaban conseguir a corto y largo plazo.

Lo que se ha pintado como una intervención liberal en misiones humanitarias, se esfuma rápidamente debido a la contradicción de los países de occidente y sus aliados en cuanto a libertad, democracia y respeto a los derechos humanos se refiere. Mientras los aviones de guerra de la OTAN volaban sobre Libia día si, día no, las fuerzas israelíes atacaron rutinariamente a civiles inocentes que fueron acorralados en la Franja de Gaza y usara fuertes armas en áreas densamente pobladas. La OTAN mantiene un silencio absoluto sobre las atrocidades cometidas por Israel. Las masacres de los protestantes no armados continúan en Siria sin cesar por un régimen que se doblega al oprimir a aquellos que piden libertad, justicia y responsabilidad. La OTAN hace caso omiso sobre las acciones criminales del régimen de Baath. Los países de occidente que forman parte de la alianza de la OTAN también mantienen relaciones cordiales con países en Oriente medio que persiguen su población por sus creencias religiosas, etnia o democracia. La OTAN no tiene una posición moral para llevar a cabo cualquier intervención antes de que todo se aclare.

Por último, pero no menos importante, la comunidad internacional no puede actuar como un gran estado que pueda derrocar gobiernos para complacer sus razones propias, sus reglas y valores. Es nada menos actuar en nombre de los principios de una nación o un grupo de naciones, que pretenden defender, pero que claramente no les importa por sus propias acciones. Tales acciones pueden brindar un cambio y ayudar a buscar los grandes establecidos a corto plazo pero que contribuyen a la desestabilización a largo plazo y entrar en futuras guerras.

Traducido por María Concepción Medina. Editado por Sonia Moreira Romero. Si tiene alguna consulta, por favor, contáctela mediante el editor.

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